Asumir responsabilidades, por supuesto que es algo que a todos nos gustaría eludir y siempre, no en vano, las zonas de confort en las que nos movemos nos ofrecen pequeños “Reinos de Taifas” de los que: ¿Para qué vamos a salir? Total fuera tampoco hay nada que nos interese, o eso creemos.

Tampoco quiero decir que hay que estar en el otro extremo “bebiéndoselas” y sentirse responsable de lo humano y lo divino, tan solo es cuestión de serlo y sentirnos de nosotros mismos –ni más ni menos—. Esto es un acto de equilibrio que nos puede ofrecer la fuerza necesaria para seguir adelante para superar esas adversidades, que en muchas ocasiones nos dejan paralizados.

Resulta curioso como a veces te cruzas con personas que son capaces de tomar una decisión tremendamente importante en su vida, que la cambiara totalmente y una vez tomada, se acaban por bloquear, se olvidan del compromiso que ello supuso y olvidan que cualquier opción que elijas en tu vida lleva aparejada múltiples acciones para que realmente te lleve hacia donde realmente quieres ir. De lo contrario posiblemente no solo no te haya servido para nada, sino que con seguridad repetirás tu historia en lugar de reescribirla que es lo que solemos pretender cuando tomamos una decisión trascendental ¿O no?

Puedo entender que el mundo de la excusitis se pone en marcha –y a destajo echando horas extras— para crear un mundo ficticio en el que nos sintamos confortablemente bien y además protegidos de fracasos y adversidades. Claro si no haces nada, no sucede nada ni bueno ni malo… el asunto sería considerar qué es bueno o malo, quién lo decide y cómo influye en nuestro devenir existencial.

Javier-clavero-superarse.a.través-de-la-responsabilidad

Cuando entendemos que asumir responsabilidades es un acto de valentía, generamos una fuerza interior que le se pone a nuestro servicio para llevarnos hacia donde queramos ir. Sería similar a llevar la batuta de director de orquesta y que todo sonara magistralmente, como nosotros deseamos, y si queremos mucho necesitaremos exigirnos mucho.

Los instrumentos de nuestra orquesta no son pocos; por una parte estamos nosotros mismos, nuestro interior, los principios y valores que nos mueven y motivan, las fórmulas y claves que nos llevan al triunfo a veces y tras a levantarnos de las derrotas que sufrimos. Por otro lado tenemos lo que ocurre a nuestro alrededor a nivel macro como decisiones gubernamentales o tendencias de la sociedad. Si bajamos a pie de calle lo que sucede en torno nuestro, véase familia, amigos, compañeros, vecinos, trabajo, pasiones, etc. y que si tenemos –en muchas ocasiones— la responsabilidad de variarlo, al menos, con nuestro comportamiento.

Vaya está claro que hay que ser un verdadero Maestro para dirigir esta gran y variopinta agrupación musical, pero: ¿quién dijo miedo o esto es imposible?… Estas suelen ser unas palabras ancladas en nuestra mente desde que somos pequeños por lo que nos cuentan, lo que vemos y sobre todo trata de inculcarnos en entorno de forma casi imperceptible, de hecho cuando alguien consigue “algo”, nos lo venden como extraordinario y fuera de lo común, solo para unos afortunados tocados por la suerte –dicen con grandilocuencia—.

Nadie te indica: —Asume el reto, hazte responsable de ese desafío, métele pasión, paciencia, perseverancia y conseguirás tu hazaña—. Es cierto que muchas de ellas lo hacen por miedo hacia ti, otras por temor a que lo consigas y ellas no, y otras ni se plantean que existen zonas fuera de la de confort. El mundo es de las personas normales que hacen cosas extraordinarias, la gente con un cociente intelectual elevado y los genios no abundad, no tienen porque.

Somos –y me incluyo— esa gran masa de comunes mortales (que no mediocres) que cuando son capaces de creer profundamente en ellos mismos y sus entornos: “Crean”, materializan y convierten en realidad no solo sus sueños sino los de mucha gente que les rodea. Y uno de los primeros pasos es darle al interruptor de hacerte responsable de tu destino.

“Visualicé adónde quería ir, qué tipo de jugador quería ser, sabía con exactitud adónde quería llegar, qué quería obtener, me concentré en conseguirlo y lo logré”

Michael Jordan

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