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Nota: Esta reflexión puede herir las mentes susceptibles y correctas. También es cierto que puede darnos una sacudida que nos haga conscientes y reaccionemos. Tú eliges si la lees o no.

Me vais a permitir dejar de ser políticamente correcto, en las próximas líneas y para ello me voy a poner el “Chapiri” Legionario para ser por un rato, un Veterano Legionario, chusquero de experiencias, vicisitudes y “tiros pegados”…

Todos hemos vivido o peor vivimos situaciones, que o son desesperadas o nos lo parecen, por cierto si nos lo parecen, es que lo son y punto. Los consejitos y las monsergas de los meapilas, que hacen ver que lo saben todo –bueno eso no se lo creen ni borrachos— no sólo nos resbalan sino que nos hunden más en la puta miseria. Con la íntima sensación de que el imbécil del consejo, ni nos entiende, ni se pone en nuestro lugar, más bien nos inspecciona como si fuéramos gilipollas. A buen seguro, ni siquiera ha vivido algo parecido, para trasladar sentimientos, experiencia y conocimientos.

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Tan solo ha leído un capítulo, quizás un libro, hasta es posible que haya aprobado un examen y lo hayan “Certificao”… Y sólo por eso piensa que ya puede ser alguien a quien se le consulte –consultor— a quien se le pida consejo –consejero—. No digo que no tenga los conocimientos y la buena intención, que esa como el valor, la vamos a presuponer. Nota: el Valor para los que no habéis hecho la Mili, era algo que aparecía en nuestra Cartilla Militar y exponía, Valor: Se le supone… —Que es mucho presuponer.

Pero claro a cuantos de vosotros, os gustaría tener un profesor de submarinismo que no supiera nadar y mucho menos no hubiera buceado, o un instructor de vuelo que solo tuviera horas de vuelo en un simulador de ídem. Sin duda en ambos casos es posible tener buenos conocimientos –teóricos— y mejor voluntad, otra cosa es que sean convincentes y nos creamos lo que nos cuentan, yo por lo menos ¡NO!…

…A todo esto sigo estando jodidamente desesperado, mi situación es angustiosa, además llegados a este punto estoy convencido, de que todo lo que me cuenten, me lo voy a pasar por el arco del triunfo. Porque no va conmigo y las películas de Tarzán ya las he visto todas, y no me trago que el menda pueda con un caimán de cinco metros de eslora, ¡vale!

Me siento como si estuviera en el rincón de una habitación en penumbra, se oye ruido de vida cotidiana en la lejanía, coches, gentío parloteando. Vida cotidiana pienso: una mierda, es el jodido sufrimiento del día a día, que nunca acaba y que cada vez que te trae algo, ese “algo” es peor que el anterior “algo” –que fino soy cuando quiero—. Ese ruido se me antoja lejano, porque no tiene nada que ver conmigo.

Estoy herido por dentro, me duele, me estoy quedando sin fuerzas y lo peor es que como la herida no es física; no la puedo ver, no sé cómo cerrarla, curarla en definitiva. Para seguir mendigando el aire que respiro; malviviendo en este mundo, un estercolero donde priman los vicios y los pecados por encima de las virtudes y la bondad: ¿Es así o yo lo veo así?… qué más da. Mi  voluntad y actitud están rotas, casi han desaparecido, me siento como una mierda pinchada en un palo. Acuden a mi mente pasajes del pasado, joder, parece que todo tiempo pasado, fue mejor. Del futuro, éstos son reiterativos y babosos porque pienso en lo que podría ser y no será; mezclados con lo que también podía haber sido y no ha podido ser, vaya que no han sido, así estoy de jodido…

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Estoy mal, muy mal,  casi prefiero y sin el casi, quiero desaparecer; pero ni para eso tengo huevos, agallas. Me sigue doliendo, estoy lacio y recostado hacia un lado, en la pared sentado en el suelo, con la cabeza ladeada. En mi interior me siento como si estuviera en posición fetal, de recogimiento, protegiéndome del mundo… He llorado como un niño perdido entre una multitud desconocida y amenazadora, desesperado por encontrar a sus progenitores. Pero ahora ni lloro, ya no sé o no tengo lágrimas, para tanta desesperación y amargura.

Pasan por mi mente todas esas cosas, que me han dicho sobre lo de sobreponerse a las adversidades, me hace gracia y me toca las pelotas, en el fondo quizás tengan razón. Quizás en otro momento, en otro lugar podrían haberme servido de algo, seguro que sí. Hoy no, hoy me cago en los muertos de mi puta vida, vaya para esto sí que tengo fuerzas, y para lamentarme de mi mala suerte también, quizá no esté tan jodido como parece y pienso; —No, jodido no estoy, me encuentro “requetejodido”, el mundo me ha dado por detrás, la suerte me ha dado la espalda. A mí, que he trabajado honestamente y decididamente siempre…

Me fui de mi empresa sin pretender indemnización pensando en la aventura de emprender; he pagado mis impuestos, sigo siendo emprendedor y siempre desde cero. Y de los hijos de puta que se pasan la viva choriceando miserias y luego se las dan de progresistas, encima te miran riéndose en tu cara, pero por detrás. Si tuvieran cojones se mearían en tu cara, pero son cobardes hasta cuando uno está más “pallá que pacá”…

Me sigue doliendo dentro, muy dentro; hay momentos que la respiración no me llega y me dan escalofríos, aunque estoy sudando, tengo miedo, no, terror, no sé lo que me va a pasar, pero sin duda no será nada bueno, lo presiento. Se huele en el ambiente… ¿Por qué tenía que pasarme algo bueno a mí?… Me gustaría acostarme y no levantarme, estoy acabado, esto es el finnn…

Y cuando el dolor es más intenso y se ha tocado fondo, o uno cree que lo ha tocado –porque lo de tocar fondo es subjetivo y relativo, ni objetivo ni absoluto como las ciencias exactas—.

¿Qué significa tocar fondo?… ahora no lo sé, no puedo explicarlo, pero sí sé que he tocado mi fondo particular, he visto el infierno y punto. Sabré yo cual es mi fondo en este preciso momento, o algún petimétre, a lo mejor tiene agallas y se acerca a explicármelo, esto huele demasiado mal para que un chupatintas “chuflagaitas” lo haga, lo mismo se mancha y no quedaría demasiado bien en su CV.

En este preciso instante está naciendo algo dentro de mí y no sé lo que es, pero es algo que me sube desde las cavernas, en el fondo de mis tripas, es caliente y no puedo dominarlo. Si ya sé que es, es la rabia, rabia y no precisamente contenida; está desatada, incontenida, llega hasta mi cabeza. También se extiende por todo mi cuerpo, piernas, tronco, brazos, manos… Me pregunto qué carajo pinta la rabia aquí, pero no me desagrada, son instantes mágicos, siento mi cuerpo caliente y con una energía que le llega y lo atraviesa. Creo que me estoy conectando al mundo de los vivos, joder, no estoy muerto.

Acabo de recibir un mazazo, el pequeño Sargento Legionario motivador que algunos llevamos dentro, el que tiene mala ostia (que ahora no se si va con “h” o sin ella, me importa un pepino, en este preciso momento y además no pienso averiguarlo)…

Seguimos en la Parte-2.

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