Seguimos con la  Parte2 de la Motivación en Vena…

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El golpe ha sido en el pecho, un puñetazo en toda regla y con toda la fuerza de la que creo soy capaz de soportar. El sargento me ha mirado a los ojos, a un dedo de mi cara, puedo percibir su mal aliento, su sudor, su rudeza e insensibilidad con la debilidad ajena, o no, no lo sé, lo que sí sé, es que transmite experiencia y disciplina a la vez… Y me ha dicho clavando su voz enérgica y desmesuradamente elevada  en mi atormentada mente:

.—Hay quien triunfa cuando todo está a favor, y hay quien alcanza el éxito sobreponiéndose a todas las adversidades y derrotas que la vida le arroja….Es decir, ¡A pesar del infierno, tú eliges!

.—Joder, tú eliges, tú eliges, tú eliges y sigue resonando en mi interior, recorriéndolo e inundándolo todo, cada vez más fuerte. La rabia me está atravesando la herida, esa herida que me tiene postrado, casi “pegado al suelo”, que no me deja mover ni actuar. Vamos en definitiva me tiene hecho una piltrafa, sí, hecho una mierda, vale, entendido! ¿Qué pasa que tú nunca has estado hecho una mierda?… Pues o mientes o no sabes lo que te pierdes, averigua el por qué o el para qué;….. En realidad no atraviesa la herida, la está cauterizando, para mi sorpresa, eso significa que la está cerrando o eso creo!

Mi cuerpo reacciona, la tensión se acrecienta y lo vislumbro en el cierre de los puños, hasta que aprieto y me duelen de tanto apretar, otra vez… El sargento motivador, me ha soltado otro obús en el pecho, esta vez más fuerte incluso, joder, que fui Legionario, pero de eso hace más de treinta años. Ahora no tengo yo pecho para estas andanadas, y me grita, despeinándome: –¡Un ganador jamás abandona, lo entiendes, un ganador jamás abandona y quien abandona nunca gana, nunca y además está jodido y puede acabar jodiendo a los de alrededor sin quererlo ni desearlo, “capichi”, Do you know?.

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El golpe ha dejado de doler, sólo tengo una imagen, una voz que se hace cada vez más grande y envuelve el ambiente y mis sentidos presentes: ¡Jamás abandones! Siento una descarga eléctrica de origen desconocido –que leches desconocido, la he originado yo porque aún tengo pelotas para revivir y triunfar—.

Los puños siguen cerrados y acude a ellos una fuerza y un poder desmedido, increíble e impensable en momentos como estos. Donde antes había laxitud, apatía e indolencia; la energía fluye por todo mi cuerpo, este recobra nuevas fuerzas. Me incorporo dejando la posición de medio sentado y hecho polvo, en la que me encontraba, reconozco que he estado herido, aún rezumo sudor, sangre y lágrimas. La adrenalina me rebosa por todos los poros de la piel, la huelo casi se puede cortar con cuchillo en el ambiente. Pero eso es el pasado y no importa ni mucho, ni poco ni nada; mi mirada se ha convertido en la de un “conseguidor” si o si, caiga quien caiga.

Ahora estoy de pie erguido y miro hacia delante con la sana intención, y cuando digo “intención” quiero decir que tengo la férrea e inquebrantable voluntad y la actitud. Voy a pasar a la acción y hacer lo que tengo que hacer, cuando tenga que hacerlo que es ya, no dentro de un rato, no, ya… Entendido y sobre todo cómo tenga que hacerlo, de la mejor manera posible; no hay otra posibilidad y con decisión y determinación castrense, sí, sí castrense, si es menester que no es pecado, amigos y amigas.

Ahora me importa un carajo lo que fue y lo que podía haber sido y no fue, no es importante, se ha vuelto algo insignificante para mí. Me miro en un espejo y comienzo a sonreír con una expresión socarrona, en la que atisbo la aparición de la semilla de la seguridad en mí mismo, no sólo no estoy acabado sino que voy a alcanzar mis sueños…

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Ladeo la cabeza, hacia la parte superior del espejo, desde allí el Sargento Legionario Motivador me mira con una expresión dura, pero a la vez cómplice de saber que ha cumplido, con su misión de despertar en mi la motivación, que ha hecho que me levante del mismo infierno,  siendo capaz de resurgir de mis propias cenizas como el ave fénix  –esto es cursi que te cagas—.

Cuando estés desesperado, busca y no pares hasta que encuentres a tu Sargento, ese que te motivará y te levantará de un grito o de un golpe según tus necesidades. Despertará la rabia que tenemos; por hundidos que estemos, elige, decide ponerlo a trabajar para ti, te hará caso sin dudarlo, es su vocación la de ayudar a los demás. Aunque a veces utilice métodos expeditivos y poco aceptados por los meapilas de turno. Cuidado puedes tener uno detrás de ti, al acecho para evitar que te hundas en la puta miseria, si es así aprovéchalo.

Sólo los mediocres aspiran a ser tocados por la suerte. Persigue con todas las pelotas y ovarios de que dispongas, lucha por alcanzar tus sueños y objetivos por derecho propio. Te aventuro que la satisfacción y serenidad que sentirás no se paga con dinero y esto no es una amenaza es predicción.

 

“CADA UNO ES LO QUE ES, QUIERE LO QUE QUIERE,

HACE LO QUE HACE Y DEBE OBRAR EN CONSECUENCIA”

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