En la herramienta infalible: El Entusiasmo es posible que haya argumentos científicos para explicar el mecanismo del Entusiasmo cuando este nos embarga y mueve nuestras acciones, fácil resulta entenderlo cuando lo que nos ocurre es bueno y satisfactorio, o así lo deducimos. De igual forma que cuando nos ocurren cosas que vemos como malas, podemos dar mil explicaciones de como nuestro entusiasmo ha desaparecido por esto o por lo otro, o peor influenciado por quienes nos rodean y sus comportamientos.

Lo extraordinario es mantenerlo en dosis elevadas cuando la vida sucede, simplemente, independientemente del juicio de bueno o malo, si nos quedamos en el enjuiciamiento de lo que ocurre, perdemos más tiempo en ello que en realmente vivir, que es la misión que tenemos por delante para cumplir nuestros sueños o retos u objetivos, llámense como cada uno decida ¿O no?

El Entusiasmo puede generarse inicialmente de manera un tanto artificial, forzada si queremos, y nace con una decisión, ya sea la de tenerlo per se para vivir intensamente lo que nos depare el destino o cuando tengamos un objetivo que sea el motor de nuestra existencia.

Todos sin excepción somos conocedores de personas que viven con alegría e ilusión cualquier cosa que emprenden, incluso asumen con estoicismo eso no tan bueno por lo que tienen que pasar; frente a los que son todo lo contrario, todo es un problema y cuando algo bueno les pasa, ya están viendo cómo se les puede fastidiar “el invento”, viven constantemente con la ansiedad y el agobio de lo malo que está por llegar de forma inminente –y encima se lo creen—.

Los primeros son ese tipo de personas que ven el vaso siempre medio lleno o en vías de llenarse, que la esperanza es lo último que hemos de perder, estos parece que a menudo tienen una energía ilimitada que además suele ser contagiosa, independientemente de la situación personal que estén viviendo. Esgrimen razones frente a excusas, aunque los argumentos sean similares. Su actitud les lleva a ser proactivos y reactivos tanto personal como profesionalmente, no dejan indiferentes a nadie y suelen ser líderes –cuanto menos de sí mismos— consiguen que quienes les rodean crean en ellos, les sigan y adopten sus creencias y proyectos; cómo sino se han desarrollado los avances científicos, médicos, comerciales o de transporte.

Y no solo porque se entusiasmen con lo que hacen, sino porque alguien así es capaz  de desarrollar muto propio habilidades como el enfoque, la constancia, la disciplina y otras que le acercarán a eso que quiere conseguir y siendo consciente del momento presente.

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La ilusión es una fuente de energía que puede impulsarnos a cotas de triunfo personal muy elevadas, esta no reconoce los fracasos, tan solo las derrotas temporales y que además tiende transformar en lecciones, de esas que hemos dicho tantas veces que no se aprenden en ninguna escuela por buena y prestigiosa que sea… Nos enseña a levantarnos y aunque hay infinidad de manuales que nos indican las instrucciones para cuando eso nos acontezca, cuando pasa no hay “Librito” que nos sirva –si no queremos que lo haga—; levantarnos o no, es un mecanismo, un interruptor que solo nosotros podemos activar.

¿Qué hace que alguien que corre una maratón, en el kilómetro treinta y cinco cuando lo ha dado todo, continúe hasta el cuarenta y dos y se convierta en un finisher?

Creo sinceramente que esa palanca que te propulsa a continuar está formada por tres partes: Cuerpo, mente y alma, si las todas ellas están en equilibrio y medianamente bien entrenadas y cultivadas podremos pedir –exigir— a unas y a otras un plus para acercarnos a nuestra meta o levantarnos cuando hemos caído.

Y hablamos de maratón pero esto es exportable a los fracasos profesionales o peor aún a los personales, que tratan de dejarnos huella por mucho tiempo debido a que o no nos hacemos responsables de nada o de todo incluido el efecto mariposa… Vivamos con entusiasmo y cuando seamos capaces de dirigirlo en la dirección que elijamos, vamos a sacarle el máximo provecho viendo como lo imposible es posible y lo esperado es realidad.

“Nada grande se ha logrado jamás sin entusiasmo”

R W Emerson

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