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Quizás lo menos relevante sea el hecho físico de haber estado encerrado con diez lobos en su hábitat y haberse acercado a mí, incluso el líder me resoplo en el cogote. Baste decir que como experiencia ha sido increíble y pienso repetir. Mis nervios iniciales se convirtieron en serenidad cuando entendí lo siguiente…

La enseñanza es que todos los días “bailamos con lobos”, nuestros particulares problemas, adversidades, derrotas, situaciones difíciles y relaciones complicadas. En realidad esos lobos son los que nos dan miedo y nos paralizan, es a esos a los que hay que enfrentarse con aplomo, templanza, valor, honor y determinación.

Es una buena idea de vez en cuando exponernos a nuestros miedos para que afloren y sepamos cómo manejarlos cuando traten de invadirnos; se trata de extrapolar unas situaciones –más o menos provocadas— a las circunstancias reales que la rueda de la fortuna nos trae en nuestra existencia.

Cuando las cosas van bien los lobos no son considerados más que lobeznos, fáciles de manejar, es cuando las cosas se tuercen cuando aparecen los lobos adultos, entonces puedes intentar huir y se te comerán en cualquier caso, porque son más rápidos y fieros que tú, o los afrontas y enfrentas con la serenidad y confianza de que todo saldrá bien, te haces uno más de ellos. Es necesario entender que hay que convivir con ellos, y que un lobo –adversidad, fracaso— no tiene porqué ser un enemigo…

¡Conviértete en líder de tus lobos!

Fco. Javier Clavero Champsaur

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